Ella Fitzgerald construyó una de las carreras más extraordinarias de la historia de la música popular porque consiguió reunir tres elementos que rara vez aparecen juntos: una técnica vocal excepcional, una capacidad de improvisación propia de los grandes músicos de jazz y una personalidad aparentemente sencilla que terminó convirtiéndose en legendaria.
La llamaron “The First Lady of Song” —la Primera Dama de la Canción—, pero el apodo se queda corto. Fitzgerald fue, simultáneamente, una de las grandes voces del jazz, una maestra del scat, una extraordinaria intérprete de baladas y una de las principales responsables de llevar el repertorio de los grandes compositores estadounidenses a públicos de todo el mundo.
Y alrededor de esa voz se construyó una enorme cantidad de historias.
1. Una infancia difícil que no hacía prever la leyenda
Ella Fitzgerald nació el 25 de abril de 1917 en Newport News, Virginia, y pasó buena parte de su infancia en Yonkers, Nueva York.
Su adolescencia estuvo marcada por dificultades económicas y familiares. Después de la muerte de su madre, su situación se volvió particularmente complicada y terminó bajo la tutela de las autoridades.
La música apareció como una forma de escape.
No procedía de una familia musical privilegiada ni recibió la educación artística que uno imaginaría para una futura estrella internacional.
Y eso es importante para entender el mito:
Ella Fitzgerald no parecía destinada a convertirse en una de las grandes voces del siglo XX.
La oportunidad decisiva llegó en un lugar completamente inesperado: el Apollo Theater de Harlem.
2. El concurso del Apollo: el nacimiento de una estrella
En 1934, con apenas 17 años, Fitzgerald participó en la famosa noche de aficionados del Apollo.
Su intención inicial era bailar.
Pero al llegar su turno, cambió de idea y decidió cantar.
Interpretó “Judy”, una canción asociada a Hoagy Carmichael.
El público reaccionó con entusiasmo.
Después cantó “The Object of My Affection”.
La historia se convirtió en una de las grandes leyendas de la música popular: una adolescente prácticamente desconocida entra al Apollo, se sube al escenario y deja al público completamente sorprendido.
Ese momento tiene una enorme importancia simbólica.
La futura Primera Dama de la Canción fue descubierta prácticamente delante del público.
3. Chick Webb: el primer gran salto
El gran punto de inflexión llegó cuando Fitzgerald comenzó a trabajar con la orquesta de Chick Webb.
Webb era uno de los grandes directores de orquesta del Harlem de los años treinta.
Ella todavía era muy joven, pero rápidamente se convirtió en una de las principales atracciones de la banda.
En 1938 llegó una canción decisiva:
“A-Tisket, A-Tasket”
La canción infantil fue transformada en un éxito de jazz ligero y alegre.
Vendió enormemente y convirtió a Fitzgerald en una estrella nacional.
Aquí aparece una de las características fundamentales de su carrera:
Ella podía convertir una canción sencilla en algo extraordinario sin necesidad de complicarla.
4. La voz: el verdadero misterio de Ella Fitzgerald
Existen muchas historias y exageraciones alrededor de la voz de Ella.
Pero algunas características son perfectamente comprobables.
Tenía:
- una extensión vocal extraordinaria;
- afinación excepcional;
- dicción muy clara;
- control respiratorio;
- enorme flexibilidad;
- capacidad para cantar con gran suavidad;
- facilidad para improvisar;
- dominio absoluto del ritmo.
Y, sobre todo:
una extraordinaria naturalidad.
Fitzgerald podía hacer cosas vocalmente muy difíciles sin que parecieran difíciles.
Eso es una característica de los grandes intérpretes.
El oyente piensa:
“Qué sencillo parece.”
Pero detrás hay un enorme dominio técnico.
5. El scat: cuando la voz se convierte en instrumento
Uno de los mayores aportes de Fitzgerald fue su dominio del scat singing.
El scat consiste en improvisar utilizando sílabas y sonidos sin palabras convencionales.
En manos de Ella, la voz podía funcionar como:
trompeta + saxofón + percusión + voz humana.
Una de las grabaciones fundamentales es “How High the Moon”.
Cuando Fitzgerald interpreta esta canción, deja de ser simplemente una cantante que reproduce una melodía.
Empieza a improvisar.
Y entonces ocurre algo extraordinario:
la voz comienza a comportarse como un instrumento de jazz.
6. “How High the Moon”: una demostración de virtuosismo
La versión de Fitzgerald de “How High the Moon”, especialmente sus interpretaciones en directo durante los años cuarenta y cincuenta, se convirtió en una especie de demostración de su capacidad improvisadora.
Ella podía tomar la melodía, modificarla, jugar con el ritmo, introducir nuevas frases y construir largas líneas melódicas improvisadas.
El resultado podía parecer casi imposible.
Pero Fitzgerald lo hacía con una sonrisa y una naturalidad desconcertante.
Por eso muchos músicos la admiraban profundamente.
No era solamente una gran cantante.
Era una improvisadora.
Y eso la colocaba dentro de la tradición de los grandes instrumentistas de jazz.
7. Una de las grandes anécdotas: Ella y la imitación de instrumentos
Existe una famosa anécdota relacionada con Louis Armstrong.
Fitzgerald grabó varias veces con Armstrong y ambos desarrollaron una extraordinaria complicidad musical.
En canciones como “Stompin' at the Savoy” o “They Can't Take That Away from Me”, se produce un diálogo vocal que parece casi una conversación.
Armstrong tenía una voz extremadamente característica.
Ella podía adaptarse a él, responderle, imitar determinados recursos y, al mismo tiempo, mantener su propia personalidad.
La relación entre ambos demuestra una de las grandes virtudes de Fitzgerald:
escuchaba al músico que tenía enfrente.
No imponía su voz.
Conversaba musicalmente.
8. Louis Armstrong y Ella: una de las parejas musicales más importantes
Las grabaciones de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong constituyen uno de los capítulos más bellos de la historia del jazz.
Sus discos:
- Ella and Louis — 1956
- Ella and Louis Again — 1956
- Porgy and Bess — 1957
son fundamentales.
En Porgy and Bess, por ejemplo, Fitzgerald interpreta junto a Armstrong la obra de George Gershwin.
La combinación es fascinante:
la voz áspera de Armstrong + la pureza vocal de Ella.
En lugar de competir, se complementan.
9. El gran proyecto: los Songbooks
Probablemente el mayor legado discográfico de Fitzgerald fueron sus Songbooks.
Durante los años cincuenta, grabó álbumes dedicados a los grandes compositores estadounidenses:
- Cole Porter;
- Rodgers & Hart;
- Duke Ellington;
- Irving Berlin;
- George Gershwin;
- Harold Arlen;
- Jerome Kern;
- Johnny Mercer.
El concepto era revolucionario.
Ella no estaba simplemente grabando canciones.
Estaba construyendo una biblioteca definitiva de la canción popular estadounidense.
10. Ella Fitzgerald y Cole Porter
En 1956 apareció Ella Fitzgerald Sings the Cole Porter Song Book.
Fue el primero de los grandes Songbooks.
Y es extraordinario porque Fitzgerald consigue que canciones escritas décadas antes parezcan completamente actuales.
Porter había escrito melodías y letras extremadamente sofisticadas.
Ella podía cantar:
romance + humor + ironía + sensualidad
sin exagerar.
Su interpretación siempre parece natural.
11. Gershwin: cuando la canción se convierte en jazz
Uno de los puntos culminantes fue:
Ella Fitzgerald Sings the George and Ira Gershwin Songbook — 1959
Aquí Fitzgerald trabaja con la música de George Gershwin y las letras de Ira Gershwin.
El resultado es extraordinario.
Canciones como:
- Summertime
- Someone to Watch Over Me
- The Man I Love
- I Got Rhythm
adquieren una nueva dimensión.
Fitzgerald podía respetar la melodía original y, simultáneamente, introducir la libertad del jazz.
Ese equilibrio es uno de los secretos de su grandeza.
12. Duke Ellington: dos gigantes juntos
El proyecto con Duke Ellington fue especialmente importante.
Ella Fitzgerald Sings the Duke Ellington Songbook — 1957
Aquí no solamente participa como cantante.
Ellington aparece como compositor, director y colaborador.
El álbum incluye también la participación de Billy Strayhorn, uno de los grandes colaboradores de Ellington.
Es un ejemplo perfecto de cómo Fitzgerald podía integrarse dentro de una gran arquitectura musical sin perder protagonismo.
13. La anécdota de Berlín: “Mack the Knife”
Una de las historias más famosas de toda su carrera ocurrió en Berlín en 1960.
Durante una actuación, Fitzgerald comenzó a interpretar “Mack the Knife”.
Pero olvidó parte de la letra.
En lugar de detenerse, hizo algo extraordinario:
improvisó.
Creó nuevas palabras y sonidos, mantuvo el ritmo y siguió adelante.
La improvisación fue tan buena que terminó siendo uno de los momentos más famosos de su carrera.
La grabación ganó posteriormente el Grammy a la mejor interpretación vocal femenina.
La anécdota resume perfectamente su talento:
cuando algo sale mal, un gran improvisador puede convertir el error en arte.
14. Ella y la increíble precisión vocal
Entre las muchas historias sobre Fitzgerald aparece repetidamente la sorpresa de otros músicos ante su afinación.
Era capaz de cantar líneas melódicas extremadamente complejas manteniendo una precisión extraordinaria.
Además, podía pasar de una voz muy pequeña e íntima a un volumen mucho mayor sin perder claridad.
Pero quizá su característica más impresionante era otra:
el swing.
Ella tenía un sentido rítmico excepcional.
Podía adelantarse ligeramente al pulso, retrasarlo, jugar con él y regresar exactamente al lugar correcto.
Por eso los músicos de jazz la respetaban como a una colega.
15. No era solamente una voz “bonita”
Este punto es fundamental.
Si solamente se escucha a Fitzgerald en sus baladas más conocidas, puede parecer una cantante de voz dulce y perfecta.
Pero eso es solamente una parte.
Ella era también:
una gran intérprete de blues, una improvisadora, una cantante de swing y una artista capaz de utilizar el scat como un instrumento.
Su influencia se entiende mejor cuando se la escucha junto a músicos de jazz.
16. La relación con Marilyn Monroe
Una de las anécdotas más conocidas de su vida involucra a Marilyn Monroe.
Según la historia, Monroe era admiradora de Fitzgerald y tuvo un papel importante para que Ella consiguiera actuar en el Mocambo, famoso club de Hollywood.
Fitzgerald era una artista reconocida, pero el racismo seguía condicionando las oportunidades de los artistas afroamericanos.
La intervención de Monroe habría ayudado a abrirle las puertas de un lugar prestigioso.
La historia tiene diferentes versiones y ha sido adornada con el paso del tiempo, pero su significado cultural es importante:
Fitzgerald tuvo que superar barreras raciales incluso después de convertirse en una gran estrella.
17. Ella Fitzgerald y el racismo
Su carrera se desarrolló durante una época en la que Estados Unidos estaba profundamente segregado.
Esto significa que su éxito no puede analizarse únicamente desde la música.
Ella fue una mujer afroamericana que consiguió convertirse en una de las artistas más respetadas de Estados Unidos y del mundo.
Su elegancia y profesionalismo ayudaron a romper determinados prejuicios, aunque eso no significa que la industria musical dejara de ser discriminatoria.
Su éxito fue, en ese sentido, también un acontecimiento social.
18. La relación con Frank Sinatra
Fitzgerald y Frank Sinatra mantuvieron una relación artística de enorme respeto.
Los dos representaban dos formas diferentes de entender la canción popular.
Sinatra: fraseo, interpretación dramática, personalidad.
Ella: improvisación, swing, precisión vocal, flexibilidad.
Pero ambos compartían algo fundamental:
la canción estaba por encima del cantante.
Cuando Sinatra hablaba de Fitzgerald, la admiración era evidente.
Y cuando Ella cantaba junto a grandes músicos, demostraba que podía competir musicalmente con cualquier instrumentista.
19. Una carrera internacional
Fitzgerald no quedó limitada a Estados Unidos.
Actuó en:
- Europa;
- Japón;
- Australia;
- América Latina;
- Canadá;
- Reino Unido.
Sus giras ayudaron a convertir el jazz estadounidense en una música verdaderamente internacional.
Para muchos públicos fuera de Estados Unidos, Ella Fitzgerald fue una de las primeras grandes voces del jazz que conocieron.
20. Los últimos años: la voz cambia, el talento permanece
Con el paso de los años, su voz naturalmente perdió parte de la facilidad juvenil.
Pero ocurrió algo interesante.
Su interpretación ganó todavía más profundidad.
Las canciones que había cantado durante décadas adquirieron un significado diferente.
Ya no era solamente:
“la joven que canta perfectamente”.
Era:
una mujer que había vivido, sufrido, triunfado y envejecido cantando las mismas canciones.
Y eso transformó su interpretación.
21. Los grandes premios
Fitzgerald recibió 13 premios Grammy, incluyendo el primero de la historia en las categorías de mejor interpretación vocal femenina de jazz/pop en 1958, y obtuvo el Grammy Lifetime Achievement Award en 1967.
También recibió numerosos reconocimientos institucionales.
Pero los premios son solamente una parte de su legado.
La verdadera dimensión de Fitzgerald se encuentra en la cantidad de músicos que la consideraron una referencia absoluta.
22. Sus cinco grandes armas
Si hubiera que explicar técnicamente por qué Ella Fitzgerald era tan extraordinaria, podríamos resumirlo en cinco elementos:
1. Afinación
Podía mantener una precisión extraordinaria incluso en pasajes difíciles.
2. Ritmo
Su sentido del swing era excepcional.
3. Improvisación
Podía crear melodías espontáneamente.
4. Timbre
Su voz tenía una identidad reconocible inmediatamente.
5. Interpretación
Podía convertir una canción compleja en algo aparentemente sencillo.
Y hay una sexta:
6. Musicalidad
Probablemente la más importante.
Ella escuchaba.
Escuchaba a la orquesta, al pianista, al baterista, al público y a los demás cantantes.
Por eso sus duetos son tan extraordinarios.
23. Las canciones imprescindibles
Para comprender su evolución, estas son algunas grabaciones fundamentales:
- “A-Tisket, A-Tasket” — la joven estrella popular.
- “How High the Moon” — la gran improvisadora.
- “Mack the Knife” — la maestra capaz de convertir un error en creación.
- “Summertime” — la gran intérprete de Gershwin.
- “Someone to Watch Over Me” — la Ella íntima.
- “I've Got You Under My Skin” — swing y precisión.
- “Cheek to Cheek” — elegancia y diálogo vocal.
- “Dream a Little Dream of Me” — delicadeza.
- “Sophisticated Lady” — profundidad y sofisticación.
- “But Not for Me” — una de sus grandes interpretaciones de canción.
- “Cry Me a River” — vulnerabilidad.
- “Let's Do It” — humor y dominio del lenguaje de Porter.
24. ¿Cuál es el gran mito alrededor de Ella?
Quizá el mayor mito es que todo le resultaba fácil.
Su voz sonaba tan natural que podía dar la impresión de que simplemente abría la boca y todo sucedía.
Pero detrás había:
disciplina + oído + técnica + conocimiento musical + experiencia + una capacidad extraordinaria de improvisación.
La verdadera grandeza de Fitzgerald no está en que pareciera perfecta.
Está en que utilizaba la perfección técnica para crear libertad.
En definitiva: ¿por qué Ella Fitzgerald es legendaria?
Porque logró algo extraordinariamente difícil:
convertir una voz humana en un instrumento de jazz sin perder la emoción de una canción.
Podía cantar una balada y hacerte sentir que estaba hablando solamente contigo.
Podía cantar scat y competir con los mejores instrumentistas.
Podía interpretar una canción escrita treinta años antes y hacerla sonar contemporánea.
Podía olvidar una letra en pleno escenario y transformar el error en una de las actuaciones más recordadas de su carrera.
Y podía compartir un micrófono con Louis Armstrong, Duke Ellington, Count Basie o Frank Sinatra sin desaparecer frente a ellos.
Por eso el título de “Primera Dama de la Canción” no fue simplemente un sobrenombre publicitario.
Fue el reconocimiento de una realidad:
Ella Fitzgerald no solamente tenía una gran voz. Tenía la capacidad de convertir cualquier canción en música viva.
Y esa es probablemente la razón por la que, décadas después de sus grandes grabaciones, sigue siendo uno de los estándares contra los cuales se mide a cualquier gran cantante de jazz.
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