
El regreso de Mercedes Sosa al escenario argentino en 1982 es uno de los acontecimientos más significativos de la música popular latinoamericana. No fue simplemente una serie de recitales: fue un acontecimiento artístico, político y emocional que expresó el regreso de una voz que había sido silenciada por la dictadura militar.
El contexto político
Argentina atravesaba desde 1976 una dictadura militar. Mercedes Sosa, identificada con el movimiento de la Nueva Canción Latinoamericana y con posiciones cercanas a la izquierda, había sufrido censura, persecución y hostigamiento.
En 1979 fue detenida durante un recital en La Plata junto con el público presente. Poco después abandonó el país y vivió varios años en el exilio, principalmente en Europa.
La situación comenzó a cambiar después de la Guerra de Malvinas de 1982. La derrota argentina produjo una profunda crisis del régimen militar y abrió el camino hacia la recuperación democrática.
En ese contexto, el regreso de Mercedes Sosa adquirió un significado extraordinario.
Los conciertos del Teatro Ópera
Entre febrero y marzo de 1982, Mercedes Sosa ofreció una serie de recitales en el Teatro Ópera de Buenos Aires.
El público acudió masivamente. Pero lo más significativo fue la diversidad de músicos que participaron o acompañaron a la cantante.
Su repertorio y sus invitados atravesaban las fronteras que tradicionalmente separaban al folclore, el tango y el rock argentino.
Entre los músicos vinculados a aquellos conciertos estuvieron Charly García, León Gieco, Ariel Ramírez y Rodolfo Mederos.
Esa convivencia fue importantísima: Mercedes estaba contribuyendo a reunir musicalmente a una sociedad que había sido profundamente fragmentada por la dictadura.
“Solo le pido a Dios”
Uno de los momentos más emblemáticos fue la interpretación de “Solo le pido a Dios”, de León Gieco.
La canción adquirió una fuerza especial en aquel contexto:
“Que la guerra no me sea indiferente…”
Pocas semanas después comenzaría la Guerra de Malvinas. La canción, originalmente vinculada a una reflexión más amplia sobre la violencia y la injusticia, pasó a adquirir una resonancia todavía mayor.
Aquí aparece una conexión muy interesante con lo que hablábamos antes sobre “Bella Ciao”: ambas canciones ponen en primer plano la dignidad humana frente a la guerra y la violencia política.
“Como la cigarra”
Otro momento fundamental fue “Como la cigarra”, de María Elena Walsh.
La canción contiene una metáfora extraordinariamente poderosa para ese momento histórico: alguien que, después de haber sufrido, vuelve a cantar.
Por eso, cuando Mercedes Sosa la interpretaba en 1982, muchos argentinos podían escucharla como algo mucho más que una canción.
Era casi una declaración:
la voz que había sido silenciada estaba nuevamente cantando.
La importancia cultural
El fenómeno del Ópera ayudó además a romper una separación que había existido durante años entre el rock nacional y el folclore.
Mercedes Sosa comprendió que el escenario argentino estaba cambiando. Los músicos jóvenes del rock empezaban a ocupar un espacio enorme en la cultura popular y ella decidió dialogar con ellos.
Esto contribuyó a que su figura dejara de ser percibida únicamente como una gran cantante folclórica y se transformara definitivamente en una de las grandes voces de la cultura argentina y latinoamericana.
¿Por qué quedó en la historia?
Porque se produjo una coincidencia excepcional:
una gran cantante regresaba del exilio + una dictadura comenzaba a derrumbarse + una sociedad recuperaba su voz + músicos de distintas generaciones compartían escenario.
El Teatro Ópera se convirtió así en un espacio simbólico de reencuentro.
No fue todavía el regreso de la democracia —Raúl Alfonsín sería elegido presidente recién en 1983—, pero sí puede verse retrospectivamente como uno de los grandes síntomas culturales de que el régimen estaba perdiendo su capacidad de controlar la expresión social.
Y quizá esa sea la mejor manera de resumir lo ocurrido:
Mercedes Sosa no volvió simplemente a cantar en Buenos Aires. Volvió a cantar en un país que estaba empezando a recuperar la voz.
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